martes, 22 de enero de 2013

Romancero "El enfermo" (2007)

Están convirtiendo el Carnaval en una feria. Ya no hay chirigoteros y comparsistas, hay artistas. Ya no se canta por y para el pueblo, se canta por y para el aplauso. Ya hay más comparsas que chirigotas, el disfrute de la recreación en la pena ha superado a la inteligencia crítica del alegre chiste. Hay más gente cantando que escuchando, más mediocres endiosados que genios en la sombra. Hay más gente de Sevilla que de Cádiz en el templo de ladrillos coloraos y se vende sitio al mejor postor en la cola colosal que rodea al teatro para un pase de semifinales. Hay más fanáticos que aficionados en las butacas y las agrupaciones empiezan a ser auténticas estrellas de rock.

Todo este circo montado alrededor del concurso pasará y por fin las calles se llenarán de canallas que divertirán al gentío canalizando toda la rabia interior en forma de sátira que cause el doble efecto de hacer reír y de hacer pensar. 

Hay quién dice que el Carnaval está enfermo y hay que curarlo. El Carnaval no está enfermo, es una enfermedad que se está contagiando de forma exponencial y está creando enfermos de todo tipo. Enfermos como yo, que aunque no pare de derrotear, sigo siendo un adicto crónico de la locura de febrero.

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