Hoy os traigo uno de los mejores ejemplos del doble sentido carnavalero, del hablar de algo que todo el mundo sabe pero sin hablarlo, de decirlo sin decirlo... y por supuesto con mucha guasa y mucho cachondeo. Es lo que me gusta del carnaval de Cádiz, el poder reírte de todo (hasta de ti mismo) y de poder vacilarle a cualquiera sin que este se sienta insultado, porque lo haces con tanto arte que... ¿qué coño te va a decir?
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